A favor de la dicha
Cuando el corazón calla para unirse al estruendo de la razón y los sentidos se paralizan al no poder vibrar ante la emoción, la vida suele parecer eterna durante un efímero instante que sólo dura lo que suele durar un respiro profundo. Pero, la verdadera existencia significa desplazamiento entre tiempo y espacio y lo que nos hace ser, es esa fuerza interna irreconocible, superior a la carne y a la imperfección del hombre, que se hace presente en el amor, controlando cada movimiento y acción; convirtiéndonos en aves, siendo libres como el aire e inmensos como el mar. Haciendo que toda la naturaleza fragüe un complot a favor de la dicha y que la lluvia no sea triste, que el sol ilumine almas y que la tierra sostenga vidas, vidas que arden como fuego, que vibran como sismos y dejan huellas como los grandes animales terrestres. Sólo esas vidas regidas por el amor sobreviven a las limitaciones humanas y trascienden a un lugar prometido, llamado felicidad.

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